La Energía Densa

por Martín Mollica

Entre las urdimbres de átomos más ínfimas y las galaxias más masivas, solo está la escala, la tramposa polaridad que no parece denotar a ningún interpretante. Pero los átomos son planetas... astros a razón de un millón a uno. ¿Qué es lo que está vivo? ¿Yo estoy vivo? ¿Mi brazo está vivo? ¿Mis células están vivas? ¿Mis átomos están vivos? Y también, ¿está vivo el planeta?

El cosmos es de pensamientos, de la manera concreta en que puedan figurarlo. Como quieran hacerlo crecer, es posible. Sus recomendaciones de frutas placébicas y los antojos de jengibres fortalecedores en los que se vehiculan, ellos despiertan porque ustedes creen en ellos, porque hacen que existan con sus pensamientos.

Sus imaginarios sexuales están cobrando vida en otra parte del mundo, en otra parte del tiempo. La felicidad es su piel, la viscosidad de la saliva de la persona que aman, que no necesita palabras hermosas para ser salvada. Vive con inmanencia en lo más recóndito de sus almas; su alcalinidad, dulzura… Este cuerpo es de pensamientos, estoy seguro.

Estoy y no estoy. Mis células, las organelas, los átomos que las constituyen; los protones, neutrones, electrones… están y no están. No existen todo el tiempo. Desaparecen, entran y salen del universo. Soy un pensamiento de mi propia mente, de la mente de lo demás.

Uno tendría que poder dar vuelta sus binoculares y ver en su propio cráneo el aleph infinito de la percepción. Pero el arte de la vida está en lo que se oculta y desoculta. Lo que el tiempo, por su impermanencia; las personas, por sus idiosincrasias… nos ocultan.

Ari, o La Continuidad Perdida

por Leandro Gonzalez de Leon

Por belleza designaré lo que parece completo. Lo incompleto o lo mutilado es totalmente feo. La Venus de Milo. Un niño la encontraría fea. Si un espíritu puro la imagina completa, se convertirá en hermosa. Charles Fort.

Ari nació y creció en Israel. Unas vacaciones lo trajeron a la Argentina, a Buenos Aires, a Palermo, a una chica que ahora lo obsesiona. Conoció a M. en un bar del Soho y se enamoró a primera vista. Al menos, eso es lo que nos cuenta, con su rudimentario español.

Cuando hablamos una lengua extranjera, no sólo nuestro discurso es simple; también nuestro pensamiento lo es. Ari no pone en palabras lo que piensa, elige las palabras que conoce y las reune para armar una oración. La idea viene después.

Decide quedarse en Argentina y estudiar español. M., indiferente al amor del israelí, desconoce su empresa, todo lo que Ari hará para “merecerla”. Compone una canción y pide a sus conocidos argentinos una traducción al castellano. La canta como le sale, sigue estudiando, deambula por la ciudad. Un día se entera de que M. estudia en la Facultad de Filosofía y Letras. Abandona sus actividades diarias y se acomoda en el hall del edificio de la calle Puán. Todos los días canta su canción, esperando que pase y lo vea. Inverosímil, hollywoodense, sí, pero sucede. Vayan y vean. Y no es raro que esto ocurra como en el cine: el cine estuvo primero y sus narrativas dirigen mucho de lo que hacemos. Ya saben, la vida imita al arte, etc.

Pero la búsqueda de la Amada es más antigua. Esa persona, única, con la que estamos destinados a fundirnos. Hablamos del alma gemela o, entre criollos, la media naranja. No buscamos a la Amada como algo nuevo, que algo que no tenemos y que podremos alcanzar algún día. La añoramos como algo que tuvimos y nos han arrancado. Somos discontinuos, decía Bataille, estamos solos, pero “nos queda la nostalgia de la continuidad perdida”. El recuerdo atávico de un ser que alguna vez fuimos y queremos desesperadamente volver a ser.

Esa semana, los estudiantes de Filosofía y Letras tomaron la sede, exigiendo mayor presupuesto para la Facultad. Cientos de estudiantes, reunidos en asamblea, decidieron tomar el edificio, clausurar las aulas, salir a manifestarse. Ahora cortan calles con pupitres y dictan clases sobre el asfalto. Ari está ahí. Hizo amigos, les contó su historia y se mueve con ellos. Aún no ha visto a M., pero la postergación lo ennoblece. No es importante que la encuentre, me parece, sino que la siga buscando.

Histrionismo Mundial

por Martín Mollica

A veces se escuchan expresiones que no se piden ni se necesitan. Hay palabras... palabras como “bajeza”, “alteza”, "normal"... son palabras que no me gustan. Hablan pero no dicen. No le hacen mella a la impermanencia de los conceptos... la relatividad de absolutamente todo.

Las palabras, de alguna manera u otra, salen de nuestras mentes, y construyen nuestras identidades. Ricoeur hablaba de eso, y yo siempre intento tenerlo presente… Las personas mueren con esas palabras. El pez, por la boca, muere. A mí me preocupa eso. Si soy lo que digo, y no digo nada...

Las motivaciones pueden no ser auténticas, y las razones pueden esconderse. Se pueden hacer despliegues emocionales, y no saber que eran más lenguaje que verdad. Las palabras son cáscaras enteras, no tienen peso. ¿Quién se conoce, si dependemos de ellas? No puedo decir qué soy, si lo digo primero y después intento hacerle justicia.

Descreo fundamentalmente de las cosas que enuncio al escribir. Cada línea que he escrito en mi vida, no ha sido la verdad. No hay tal cosa. Hay percepciones, hay decisiones comunicativas, fachadas calculadamente precipitadas de mi boca y de mis manos con una verborragia superficial. No somos nada en particular, somos generales.

Podría estar todo el día albergando en sus mentes la idea de que soy un romántico, de que soy un desapegado, de que soy, de que no… Pero lo importante es que uno no es el mismo día tras día. No hay una cosmovisión rígida, no hay una manera de ser, sino persuasiones momentáneas, disposiciones raramente inamovibles, apenas sujetas en mi alma para afrontar la dura realidad. Me gustan las naranjas, me gustan, sí.

Donde Crece El Mastuerzo

por Leandro Gonzalez de Leon

-A mí me pusieron Martín por Luther King. Casi me ponen Nelson.
-No me gusta “Nelson Simkus”. No va.
-Te podrían haber puesto Malcolm. Suena bien.
-Bueno, pero ese no era pacifista.
-¿Y Mahatma?
-¡Mahatma! Mi vida sería totalmente distinta si me llamara Mahatma. Todo el mundo se acordaría de mí. “Hoy viene Mahatma.”
-Bueno, si te llamaras Tito tu vida también sería distinta. “Hola, soy Tito”, “¿Qué hacés,Tito?
-Peor si te llamás Mahatma y te dicen Tito.
-Eso: Mahatma “Tito” Simkus.
-Parece un personaje de Capusotto.

Y propuso hacer un blog con el nombre del berro. “El berro es el mejor amigo del hombre”, decía Fontanarrosa. Tiramos sobre la mesa los chistes que no escribiríamos en el blog. Martin, por su incontenible anglofilia, insistió en llamarlo “Watercress”. En castellano suena feo, parece.

Antes criticaba a las películas y libros que repetían el título de una obra anterior. Ahora creo que no es un problema para el arte, sino para la industria. Problemas de registros, de catálogos… Un ejemplo: converso con Carlos, un músico que se comprometió a grabar en su estudio la canción que un tipo escribió para su novia. “Es muy larga. Sobre el final repite la misma frase como veinte veces… Lo otro no está mal. Yo le dije: “La canción tiene que tener introducción, estrofa, estribillo, estrofa, estribillo, repite estribillo y se acabó”. Carlos cree que habla de música, pero habla de industria. Creó un estudio independiente, lo financia, puede hacer lo que le plazca, pero no sabe lo que es la Industria Cultural. “En las consignas de los bárbaros se escucha el suave diktat del Imperio”, dice Baricco.

Watercress estaba registrado, por eso le pusimos Gardencress. En castellano se llama mastuerzo o berro hortelano, distinto del berro de agua o “watercress”. La industria y sus hurañas URL nos obligan a reflexionar sobre esta variante del berro hasta hoy inexplorada por la literatura.

Consulto la enciclopedia y ya emerge la poesía: “Debo irme, compañeros, y no volveré. Búsquenme en los jardines, cerca de los caminos, en las fuentes y las orillas de los ríos. Búsquenme donde crece el mastuerzo”.

La Tiranía de las Frondas

por Martín Mollica

Lechuga, rúcula, y también el berro; sin pena ni gloria, el berro… No me hubiera acordado de él, no.

No somos más que vibraciones, amor mío, energías sutiles que vibran en concentricidad. La espesura de los años (que me hace conocer) la tiranía de las frondas de nuestras mentes… Acaso tan complejas... tan complejas nuestras mentes.

Lo simple de lo bulboso… ¿Acaso, Thoureau, no soy yo mismo, hojas y moho? La ternura de este corazón de planta, harto en silencioso, profuso en verbal… Mi cuerpo florece con cada palabra tuya, y cada palabra tuya aún refulge. Estoy perdido en tu respirar.

Tu cadencia en declive por la ladera, con una fuente hecha de fruta, e interior de vegetal: una sandía, un melón, el mismo olor. Y dos personas bajando, retozando en el aire al bajar. Extraño ese juego, lo quiero recuperar.

Estamos en una meseta verde, y sostengo tu rostro entre mis manos. Es el sol que te sublima a mis ojos. ¿Por qué desenbocamos en estos lugares? Se apresuran los recuerdos, la soledad y el desfallecimiento… ¿Qué hago con ellos? Entre todo, dependo del viento.

Welcome

Bienvenidos a Gardencress, un blog dedicado a la inspiración de un pequeño grupo de personas. La consigna es simple: habrán de escribirse textos de cinco a ocho párrafos, siempre basados en uno de los vegetales y frutas propuestos.